Glissando


     Vivo en un segundo. Cerquita de Olavide. Por las tardes, a la hora de la siesta -más o menos desde la cuatro y hasta la cena- un grupo de chavales recién salidos del cole suele concentrarse justo ahí abajo para celebrar su ocio a todo trap: ruido -no del de Víctor Hugo- sin mesura, voces, insultos, peleas de gallo, rapeo por aquí, reguetoneo por allá y vuelta con el trap. Malamente. Trap, trap. Insoportable.
     Me gusta echarme un rato a la hora de siesta, tumbarme, paladear el silencio y desconectar. No suelo encender la radio. La radio ya la ponen ellos. Pero si lo hiciera pondría el 96,5 rezando para un poco de Mozart o un Beethoven de las pares, las pastorales. En fin: gusto de cierto instante de calma. Pero no lo consigo. Doy vueltas de un lado para otro intentando asumir la derrota de lo melódico, el fin del pensamiento musical, la deconstrucción de la escala y la monotonía de la mononota -si es que hay alguna-. Aún así, in spe contra spem, busco un átomo de risa para no caer en el abismo. A veces llamo al 092, para qué lo voy a negar. Pero en el fondo me siento indigno si aparece el coche de patrulla y solicita a los menores una tregua para la convivencia. Total: los nenes vuelven a las andadas al doblar la esquina. Pienso en lanzar un huevo, pero mi violencia no llega a jacobina; se queda en lo verbal.
     Ayer todo cambió: frente a la tragedia social, a la incongruencia del ruido que no piensa y a la panda de sinvergüenzas y maleducados se abre ante mí el recuerdo de la luz. Hay frente a la apocalipsis un taller de guitarra española que sobrevive con un fondo de radio clásica y un ritmo de lijas y barnices. Una capa por ahí y otra por allí. Volver a pintar y otra vez a empezar. Mimo, paciencia, elevación del espíritu en mística de rosetas, trastes, maderas y mástiles, clavijas y puentes, cuerdas y alma. Se me pasó el cabreo. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Incertidumbres

Peonías

Evening Interior