Evening Interior
A menudo olvidamos a algunos grandes callados que, por un motivo u otro, eligieron no pasar a la historia. Quizá porque su técnica, que ya había alcanzado todo lo que humanamente podía alcanzar, no daba para vanguardias heterodoxas. Tal vez porque, simplemente, te dedicas a lo que te dedicas y no te planteas otras opciones, aunque eso te acarree pasar al estrado de lo rancio y lo carca para el común y mortal vulgo. O sencillamente porque a uno, curtido ya en mil inanes y banales estéticas batallas, le apetece hacer lo que le viene en gana, de contar las cosas como las ve y de acoger la soledad como amigo íntimo y necesario para un feliz realismo neorromántico y antimoderno. Bravo y gracias.
Hay en estos autores una mirada refinada, personalísima y exquisita, que no pretende contentar a la masa ni sufrir con la crítica. Una suerte de orfebrería poética que se ríe de la mediocridad voraz de aquellos a los que solo les queda gritar porque no entienden ni entenderán lo que subyace en las obras de los gigantes: un silencio eterno, inmutable, bello. Elegante.

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