Glissando
Vivo en un segundo. Cerquita de Olavide. Por las tardes, a la hora de la siesta -más o menos desde la cuatro y hasta la cena- un grupo de chavales recién salidos del cole suele concentrarse justo ahí abajo para celebrar su ocio a todo trap: ruido -no del de Víctor Hugo- sin mesura, voces, insultos, peleas de gallo, rapeo por aquí, reguetoneo por allá y vuelta con el trap. Malamente. Trap, trap. Insoportable. Me gusta echarme un rato a la hora de siesta, tumbarme, paladear el silencio y desconectar. No suelo encender la radio. La radio ya la ponen ellos. Pero si lo hiciera pondría el 96,5 rezando para un poco de Mozart o un Beethoven de las pares, las pastorales. En fin: gusto de cierto instante de calma. Pero no lo consigo. Doy vueltas de un lado para otro intentando asumir la derrota de lo melódico, el fin del pensamiento musical, la deconstrucción de la escala y la monotonía de la mononota -si es que hay alguna-. Aún así, in spe contra spe...